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MI MEJOR ALUMNA.
por: Carlos Felipe.
ERA UNA TARDE DE PRIMAVERA. Había ido a visitar a mi mamá y cuando se abre la puerta me encontré con una deliciosa morocha, de rasgos orientales, que me informó que mi mamá no estaba y que ella era una amiga de mi sobrina que estaba viviendo por unos dias allí, antes de viajar al exterior. Venia de la provincia de Jujuy y estaba esperando en Buenos Aires la autorización para entrar a Europa. Yo me serví algo de comer y mientras almorzaba charlamos y noté una creciente atracción mutua. De pronto le comenté (con cierto grado de exageración) que era especialista en disciplinas corporales y ella se mostró muy interesada en lo que yo le relataba por lo que le ofrecí hacer una clase, ya que estabamos solos. Así que fuimos a una habitación cómoda y la hice trabajar tomándose de una barra. Para que ella notara las posibilidades de movimiento le tocaba su pecho, y de vez en cuando rozaba sutilmente sus pezones. Le pregunté si no tenía ganas de experimentar suspiros para estimular su respiración y ella comenzó más a jadear ue suspirar. Sin embargo yo no me animaba a ir más allá porque apemas nos conocíamos. Asi que le propuse otro ejercicio que consistia en ponerse en cuatro patas, y yo coloqué una mano en su vientre y otra en su espalda y comence a moverlas hacia arriba y hacia abajo, de modo que su columna se movia como si ella fuera una gatita. En un momento me miró con una cara como pidiendome piedad, como si no aguantara más. Yo respondí a su cara con una expresión de que no entendía lo que pasaba y seguí maliciosamente con el movimiento un poco más. Ella me dijo que paráramos y yo le ofrecí que ella trabajara con mi cuerpo ya que ella también conocía de técnicas corporales. Asi fue que me recosté en el piso y ella se puso de rodillas y comenzó a masajear mi mano, para luego pasar por encima de mi para masajear mi otra mano. Ahi no aguanté más y la tome de su mano y comencé a besarla con desesperación metiendo mi lengua en su boca. Ella no paraba de gemir y mi bulto se refregaba contra su vientre, ella se dio vuelta y comenzo a apretar mi pene con su colita que era hermosa, yo comencé a desvestirla y besarla desesperadamente. MI saliva habia mojado ya su cola y comence a penetrarla, primero por la vagina arrancándole deliciosos orgasmos y luego por la cola, a lo cual tras resistirse un poco, luego de una serie de nuevos masajes me terminó gritando: "Metémela" a lo cual, como todo un caballero no pude resistirme. La tarde transcurrió entre nuevas chupadas de su parte, como si viajar al extranjero le significara perder la oportunidad de volver a tener un sexo de tan buena calidad. Al otro dia viajo y no la he vuelto a ver, pero no pierdo la esperanza de que nos encontremos alguna vez.
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