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Con mi novia y con mi compañera.
por: Juan Arroyo.
Conocí muchas personas que han sido infieles y esto les ha traido inconvenientes. Pero en mi caso pasó todo lo contrario. Pude conciliar el sexo con mi novia y con una compañera de trabajo. Si me hubieran dicho que eso me iba a ocurrir no lo hubiera creído. Lo cierto es que yo estaba de novio desde hacia algunos años y teníamos buen sexo con Graciela. Nos tomábamos nuestro tiempo y hacíamos las cosas con calma. Por ejemplo recuerdo que me gustaba esparcir crema para el cuerpo en su espalda, hacerle masajes con mis manos, luego con mi miembro y finalmente le introducía el frasco en su ano hasta que su dilatación y un buen chorro de crema, me permitía penetrarla. A Graciela eso le gustaba pero le costaba admitirlo, por lo cual en el momento de mayor pasión yo tomaba sus muñecas con sus manos para que no pudiera acariciarse la vagina. La torturaba un poco de esa manera y le preguntaba si le gustaba que la penetrara por el culo, no respondía y yo insistía hasta que admitía su placer con un suave "si" que me derretía. Entonces soltaba sus manos y la dejaba acariciarse hasta alcanzar el orgasmo.
Esa mañana ella hojeaba una revista y de repente se detuvo ante la foto de una modelo y exclamó: ¡Qué rica! Yo no le dije nada, pero me asombró que una mujer hiciera esa apreciación con una evidente carga de calentura. Estabamos en la quinta y al rato llegaron una compañera mía de trabajo, Laura, con su marido que venían a comer un asado. Pero al rato de haber llegado lo llaman a él por teléfono un cliente con una urgencia. Miguel debió partir rápidamente prometiendo regresar en cuanto le fuera posible.
Fue asi que quedamos Laura, Graciela y yo solos. Almorzamos un rico asado e hicimos una sobremesa regada con un rico Luigi Bosca petit syrah, del cual bebimos hasta el último sorbo. Fue entonces que Laura se puso a lavar los platos mientras conversaba animadamente con Graciela, a quien le dije que le iba a mostrar cómo le hacia masajes a mi compañera en horas del trabajo, y poniendo mis manos sobre los hombros de Laura comencé a amasarlos como si fueran pan. Siempre teníamos ese ritual en la oficina y siempre fue un enigma patra mí saber hasta donde podría llegar con ella si estuviéramos solos en la oficina, porque Laura, aunque nunca fue demasiado demostrativa de su deseo, jamás se negó a lo que yo le hacía y aclaro que a veces, estando yo presa de una gran exitación mis manos se deslizaban hasta los costados de sus pechos o le daba algun besito en la espalda en un lugar que le arrancaba un gritito.
Por eso cuando terminó de lavar los platos la invité a acostarse boca arriba en el piso y relajarse para que yo le masajeara el cuello. Con una sonrisa complice dirigida a Graciela se tendió en el piso y comencé con mi trabajo mientras miraba fijamente a Gra, a quien se veía muy interesada en los suspiros de placer de su nueva amiga. Le propuse que me ayudara masajeando los pies de Laura a quien le aseguré que mi novia era una experta en esas lides. Y lo era. Comenzó tirando suavemente de los cordones de las zapatillas y lenta, muy lentamente comenzó a sacarle el calzado, luego las medias y comenzó a masajear muy suavemente los pies. Como siempre Laura dejaba hacer y no parecía muy preocupada en las consecuencias. Graciela tomo de su bolso una crema lubricando sus manos y comenzó a subir por las piernas de Laura. Se animó a comenzar a besar sus pies con muchísima dulzura, como si se tratara de un objeto delicado.
Yo decidí hacer girar a Laura, totalmente relajada, hasta ponerla boca abajo y continuar mi masaje por la espalda. Eso me permitió deslizar sus manos por debajo del cuello de su musculosa y desabrochar su corpiño. Laura sólo sonrió. Continué deslizando mis manos espalda abajo mientras Graciela cada vez más confiada subía por las piernas. Me animé a darle besitos en las espalda y Gra me imitó, mientras Laura algo nerviosa sonreía y nos dejaba hacer. De golpe nos encontramos mi boca y la de mi novia besándonos sobre el culo de Laura, quien comenzó a abrir las piernas mostrando su hermosa concha de vellos dorados totalmente mojada. Comencé a besar sus labios vaginales como si se tratara de una boca, mientras alternaba besos a la boca de Graciela. Ella comenzó a saborear a Laura que se puso en cuatro patas y me bajó los pantalones y comenzó a saborear mi pene, del cual ya salía un líquido transparente. Un poco después comenzó a besar en la boca a Gra con mi miembro de por medio. Yo acabé y mi leche alcanzó para que las dos tragaran lo suyo. Luego yo comencé a besar las tetas de Laura, las cuales desde siempre me habían ratoneado y a las cuales nunca había accedido, salvo en algún roce furtivo. Mi novia ahora le metía su lengua y luego un dedo con crema y otro y otro en el maravilloso culo de Laura y ella gemía muy a gusto. Fue mi turno de penetrarla por la vagina mientras Graciela continuaba curioseando por atrás hasta que Laura comenzó a gritar de placer y quedó momentáneamente extenuada. Yo tomé unos cinturones de toalla de la salida de baño y até a Graciela a la cama y le di un repasador a Laura que pronto entendió que podía darle unos golpecitos donde quisiera. Eligio sus tetas, su abdomen y su vagina y Gra gritaba como una nena caprichosa. Laura se entusiasmó con el juego y comenzó a darle chirlos en la cola de Gra y a lamer su ano que ya estaba enormemente dilatado. Allí fue que me metí con mi pene mientras Laura le daba unos apasionados besos a la concha de Graciela que con sus dedos llego a la vagina de Laura. Los tres acabamos juntos y quedamos confundidos en un abrazo cálido lleno de olores maravillosos. El marido de Laura llegó mucho más tarde. No volvimos a tener una tarde así, pero, ¿quién sabe hasta cuando?
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